Erin es testigo de la llegada de los daneses y noruegos al castillo en el que vive con sus tíos, allí vé como los hombres son masacrados aún habiéndose rendido y las mujeres violadas sin ningún remordimiento, algunas llevadas a la muerte por los mismos violadores. En esto que vé que llega Olaf y al ser el jefe de todos ellos le culpa de la muerte de todos sus seres queridos. Tres años más tarde encuentra un hombre moribundo en la ribera del río, es el propio Olaf que ha desfallecido tras recibir una herida mortal y no haberla cuidado pues prefería enterrar a la mujer que amaba antes que curarse. Obliga a Erin a curarle pero ella no ceja en su intento de escapar, de humillarle, insultarle y menospreciarle. La joven consigue huir pero se dá cuenta que no es tan valiente como cree pues el rato que ha estado curando a Olaf se ha percatado que quiere vivir y que es una mujer más sensible de lo que creía.
Rhiannon, una bella muchacha sajona, se encuentra en el castillo de su padre cuando los vigias dan la voz de alarma: se avistan barcos vikingos en el horizonte. Sin tan siquiera dudarlo prepara un ataque de defensa para el castillo. En su valentia y destreza con las armas, consigue herir al jefe de la expedición. Un hombre alto, fuerte y con todo el aspecto de un dios nórdico. No obstante, Rhiannon no podía estar más equivocada. Lo que ella había tomado como un ataque de los daneses del norte, era una simple expedición venida desde la tierra vecina de Irlanda con el objetivo de apoyar al rey Alfredo, quién se encuentra permanentemente amenazado por los peligrosos daneses. Eric, hijo de un nórdico y nieto de un gran mandatario irlandes, es el hombre apropiado para defender las tierras sajonas. Trás la escaramuza, y una vez que se aclaran todos los malentendidos, el rey se ve obligado a recompensar a Eric por los daños que le ha inflingido su pupila. La recompensa no va a ser otra que prometerlos en matrimonio. Rhiannon se ve ultrajada por esa decisión, no ama al feroz vikingo que intenta domarla y doblegarla a su voluntad. Comienza para ellos una tempestuosa unión, marcada por los malentendidos y desconfianzas.
En el Siglo IX Melisande, una indómita condesa gala, debe contraer matrimonio por razones políticas con Conar MacAuliffe, un vikingo llegado de Escocia y conocido como Señor de los Lobos. Melisande siente de inmediato una irresistible atracción por el apuesto escocés, pero fiel a su natural rebeldía se muestra esquiva y distante. Sin embargo, cuando Conar parte hacia la guerra, la añoranza se adueña de ella. Más tarde las adversidades y un enemigo común unirán para siempre a los esposos.
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